viernes, 3 de julio de 2009

John Locke

John Locke (29 de agosto de 1632 en Wrington, Somerset, Inglaterra y fallecido el 28 de octubre de 1704 en Oates, Essex, Inglaterra). Pensador inglés considerado como el padre del empirismo y del liberalismo Moderno.

John Locke nació en Wrington (cerca de Bristol), Inglaterra, el 29 de agosto de 1632. Se educó en la Westminster School y en la Christ Church de Oxford. En 1658 se convirtió en tutor y profesor de Griego y Retórica. Más tarde volvió a Oxford y estudió medicina.
La fama de Locke era mayor como filósofo que como pedagogo. Prácticamente todo el pensamiento posterior fue influenciado por su empirismo, hasta desembocar en el escepticismo de Hume. En lo pedagógico, Locke no pretendió crear un sistema educativo, sino explicar los lineamientos de la educación para los hijos de la nobleza, por consiguiente sus ideas representan tanto un reflejo de la percepción pedagógica de su tiempo como una reflexión profunda sobre sus bondades, defectos y alcances.

Influyó de forma determinante en las ideas de la Revolución Gloriosa y la Declaración de Derechos Británica de 1689.

Tras algunas vicisitudes en el mundo de la política internacional, que le valieron no pocos problemas, Locke volcó la experiencia de su vida intelectual en dos obras cumbre: Ensayo sobre el entendimiento humano (1690) y Pensamientos sobre educación (1692). La última parte de su vida fue dedicada a tareas administrativas y económicas, murió en Oates, el 28 de octubre de 1704.

BASES DEL PENSAMIENTO DE JOHN LOCKE:
Su epistemología no cree en la existencia del innatismo y el determinismo considerando el conocimiento de origen sensorial, por lo que rechaza la idea absoluta en favor de la probabilística matemática. Para Locke, el conocimiento solamente alcanza a las relaciones entre los hechos, al cómo, no al por qué. Por otra parte cree percibir una armonía global, apoyado en creencias y supuestos evidentes por sí mismos, por lo que sus pensamientos también contienen elementos propios del racionalismo y el mecanicismo.
Cree en un
Dios creador cercano a la concepción calvinista del gran relojero, basando su argumentación en nuestra propia existencia y la imposibilidad de la nada de producir el ser, un Dios tal cual como lo describe el pensador del racionalismo Descartes en el Discurso del método en la tercera parte del mismo. De la esencia divina solamente pueden ser conocidos los accidentes y sus designios solamente pueden ser advertidos a través de las leyes naturales.
Trata la
religión como un asunto privado e individual, que afecta solamente a la relación del hombre con Dios, no a las relaciones humanas. En virtud de esta privatización el hombre se libera de su dependencia de la disciplina e imposiciones eclesiásticas y sustrae la legitimidad confesional a la autoridad política, puesto que considera que no hay base bíblica para un estado cristiano.
Considera la
ley natural un decreto divino que impone la armonía global a través de una disposición mental (reverencia, temor de Dios, afecto filial natural, amor al prójimo), concretada en acciones prohibidas (robar, matar y en definitiva toda violación de libertad ajena), que obligan en favor de la convivencia.

Personalidad y filosofía:

Por carácter y por educación, Locke parece predispuesto para la moderación y para una filosofía del sentido común, dos características esenciales de su personalidad y su talante intelectual. Por ello era vehementemente reacio a todo autoritarismo en el pensamiento, en lo político y en lo pedagógico. Tampoco era dado a la originalidad y la brillantez.
Locke es empirista, no sólo en cuanto afirma que todo conocimiento nos viene de los sentidos, sino también porque no considera a éstos como elementos pasivos del conocimiento. El empirismo que inaugura concede a las impresiones sensibles una dinámica propia y autónoma respecto al conocimiento intelectual. No es empirista en el sentido materialista de que sólo podemos conocer las representaciones sensoriales, pero sólo éstas dan lugar a las ideas o representaciones intelectuales. Con esto se posiciona en contra de la doctrina de las ideas innatas de R. Descartes.
Sin embargo, comparte con Descartes el recelo o desconfianza hacia la razón natural. En esta posición se percibe la influencia del escepticismo de su época que ambos quieren superar. La razón natural — piensan — sobre todo es falible, y puede ser falaz. Es preciso encontrar las vías o métodos para prevenir estos posibles engaños
Locke entiende su responsabilidad y su misión intelectuales, según sus propias palabras como “el inquirir sobre el origen, certeza y alcance del conocimiento humano, así como sobre los fundamentos y grados de la confianza, la opinión y el asentimiento”

Teoría del conocimiento:

Por esta preocupación filosófica, el punto de partida de Locke no es antropológico o ético, sino gnoseológico: el estudio y la reflexión sobre los contenidos mentales, que denomina genéricamente ideas. En primer lugar surge una distinción básica entre ideas simples e ideas complejas; ante aquéllas la mente está pasiva, mientras que el dinamismo cognoscitivo opera en las ideas complejas.

En las ideas simples se distinguen:
a) las que provienen de la sensación, y éstas a su vez se distinguen entre:
÷ las que vienen de un sólo sentido: la frialdad del hielo, la blancura del lirio, el gusto del azúcar
÷las que vienen de más de un sentido: forma, espacio, movimiento

b) las ideas simples de la reflexión: percepción, pensamiento, volición

c) las ideas simples de la sensación y la reflexión: placer, fuerza, existencia, unidad y sus contrarias

Por otra parte, las ideas complejas se obtienen:

a) combinando ideas simples y uniéndolas: belleza, gratitud, un hombre, un ejército, el universo
b) comparando ideas simples sin unirlas: ideas de relaciones
c) separando unas ideas de otras que la acompañan en su existencia real (abstrayendo): ideas generales

Con esta combinatoria de ideas, fruto de las impresiones sensibles Locke tendrá dificultades para justificar las ideas superiores —sustancia, relación identidad—por su carácter abstracto y genérico. Lo mismo ocurre con la idea de Dios: aunque afirma que la existencia de Dios puede ser conocida por demostración, sitúa el estatuto de la fe en la revelación divina, al margen del conocimiento natural humano. Con ello se incoa la teoría medieval de la doble verdad, combatida firmemente por Tomás de Aquino.

Ética y política:

Su teoría ética se verá comprometida por su empirismo: como toda idea viene de la experiencia, así debe ocurrir también con las ideas morales. Al rechazar la doctrina de las ideas innatas, niega la existencia de los principios innatos teóricos, pero también de los principios prácticos o morales. Las ideas morales, dice, “deben terminar en ideas simples”; es decir: toda idea moral superior debe poder reducirse a una idea de la sensación o de la reflexión.
Para Locke, las ideas morales son arquetipos superiores, y por eso son “adecuadas y completas”, como las ideas matemáticas; pero siempre que la última referencia sea empirista. No es extraño entonces que defina el bien y el mal con respecto al placer y al dolor: es bueno lo que proporciona placer a la mente o al cuerpo, y malo lo que incrementa el dolor o disminuye el placer.
No obstante, no debe entenderse esto en un sentido hedonista. Locke no afirma el placer y el dolor sean el bien y el mal, sino que éstos se realizan con relación a ellos. Recuérdese que su empirismo no es un sensismo, o sea, que no sólo se conoce lo sentido; pues la combinatoria de impresiones da lugar a las ideas, que no son meras sensaciones. Así, el bien moral consiste en el acuerdo de nuestras acciones voluntarias con la ley moral, lo que aumenta el placer; y a la inversa, el mal moral estriba en el desacuerdo con la ley moral, por lo que el dolor “cae sobre nosotros en virtud de la voluntad y el poder del que ha hecho la ley”.
Locke distingue tres clases de leyes: la ley divina, la ley civil y la “ley de la opinión o reputación” . Al mencionar al legislador como última instancia decisoria, Locke no piensa en la ley civil, ni en la ley de la opinión, sino en la ley divina. Así lo dice: “pienso que no hay nadie tan irracional que niegue que Dios ha dado una regla por la que los hombres habían de gobernarse a sí mismos, Éste es el único criterio verdadero de rectitud moral”.
Desde esta posición surgen dos graves dificultades teóricas: a)¿y si se da un desacuerdo entre la ley civil o la ley de la opinión y la ley divina?, b) ¿sólo podemos conocer el fundamento último de la ética desde la revelación divina? Locke pudo conformarse con su propuesta porque vivía una época en que la integración social era férrea; de hecho, no se daban discrepancias entre las diferentes leyes. Pero su doctrina ética es estéril para nuestra sociedad y nuestro tiempo, donde las diferencias entre los tipos de leyes son notorias.
Además de encontrarse próximo al hedonismo, Locke es más acentuadamente utilitarista. El bien y el mal no tienen un sentido inmanente, sino relativo; algo —o alguien— no son buenos o malos por el mérito de sus acciones, sino por el placer o dolor que reportan dichas acciones. Se abren las puertas así —aunque Locke nunca lo pretendió— al individualismo ético: al juicio y a la acción moral determinadas por algo extrínseco a ellas. ¿Quién será el que determine? Para Locke era Dios; pero para otros, obviamente, no. Y para éstos, al cabo, sólo cabe el criterio de su individualidad que, por otra parte, pueden fundar argumentativamente en su experiencia.
Ésta última, la ley de la opinión o reputación, se formula hoy como lo "políticamente correcto.

La educación del gentleman:

¬ Tanto la gnoseología como la ética de Locke contienen el germen de una ruptura con la tradición pedagógica clásica. Ésta ponía el ideal de la educación en el perfeccionamiento interno del sujeto mediante la virtud. Locke pone el ideal en funcionar productivamente y obtener placeres, lo que es coherente con el resto de su pensamiento. Pero por ello mismo, contiene también el germen de sus contradicciones.
¬ Al comienzo de sus Pensamientos sobre Educación, Locke menciona la importancia central de dos nociones: habituación y autonomía. Entre ellas hay una intrínseca tensión interna, núcleo de las grandes dificultades de la educación: la habituación proviene viene de lo que enseñan otros, mientras que la autonomía: procede del desarrollo del sujeto
¬ Siguiendo la noción medieval sobre la habituación Locke dice que consiste esencialmente en obrar según razón. No obstante, se aparta de la tradición al entender que la virtud consiste en controlar el deseo innato de placer según la razón. Es la primera interpretación reduccionista de la virtud en la modernidad, que perdura hasta nuestros días: obrar virtuosamente es controlar —y obviamente, en ocasiones, reprimir— (
*) los deseos y apetitos desde la razón; tomándolos en cuenta, pero gobernándolos eficazmente en orden al placer útil.
¬ La autonomía, definida genéricamente, es el ejercicio de ese auto-control desde la propia razón. El problema se plantea con el niño: como su razón no está activa en su plenitud: como el niño no tiene razón, debe ser suplida por la razón de los adultos. Éste es el punto crucial: si el hábito viene de la costumbre de actuar sometido a la autoridad, o como dice Locke, “sobre el testimonio de otro”, no se ve cómo pueden darse las “conexiones entre ideas”, ni tampoco puede conocerse suficientemente desde la propia experiencia.
¬ ¿Qué papel juega entonces la enseñanza? No consiste en impartir conocimiento, en trasmitir “las opiniones recibidas comunes”. Se manifiesta aquí el talante crítico de Locke, que le llevó a él mismo a cuestionar la enseñanza que recibió en su infancia y juventud. La tarea primordial de la enseñanza es crear la atmósfera donde se encuentre placer en aprender por sí mismo; atmósfera o ambiente que se suscita con el mínimo de reglas, con amabilidad, disciplina suave, sin castigos físicos.
¬ Para el autocontrol es esencial enseñar al niño a renunciar a sus propios deseos, principalmente mediante premios y castigos, que son “la espuela y las riendas para que la humanidad trabaje”. También es decisivo enseñar con el ejemplo, cosa especialmente importante para la formación religiosa. Debe enseñarse la noción de Dios como fuente de todo bien moral, sin entrar en más consideraciones teológicas (aquí opera su utilitarismo), y enseñando a amar a los otros. Es esencial la idea de que toda injusticia viene de un amor excesivo a uno mismo (también será una noción central para J. J. Rousseau).
¬ Locke es relativamente partidario de las instituciones educativas públicas —lo que hoy se designa como educación formal—. Entiende que los buenos hábitos y la virtud pueden adquirirse en casa con un tutor. Para las instituciones quedaría la enseñanza de las ciencias, respecto a la cual, insiste en la inutilidad de “llenar cerebros”, debiendo fomentarse más bien el talante investigador, atendiendo a la experiencia y a la guía de la propia razón.
¬ La finalidad de la educación es conseguir hombres que harán avanzar la felicidad de la comunidad. Con esto, el ideal de la fama cobra gran importancia en la educación. Locke entiende la educación y su necesidad al dirigirse a la alta burguesía, llamada a gobernar. Para el resto de los individuos, basta con que sean religiosos y autosuficientes: es el modelo de la educación del gentleman, preterido en nuestros días como elitista. Pero no por ello es recusable la noción de educación lockiana: no deja de tener un interés intrínseco —prescindiendo de la reducida proyección social que le atribuye— ni ha dejado de influir en la modernidad, y aún en nuestros días.
¬ Obviamente, la gran herencia que Locke deja a la posteridad es su vigorosa afirmación del principio de autonomía en la educación. Al contraponerlo al principio de la habituación, más que a dos ideas, enfrenta a dos épocas, la clásica y la moderna. En la actualidad, el principio de autonomía tiene vigencia en toda la educación occidental, en las legislaciones educativas y en todas las propuestas metodológicas de la pedagogía. Es también la raíz de las diferencias con las concepciones educativas orientales, aún no influidas de fondo con dicho principio.
De la idea de control no se escapa ni siquiera la doctrina de la inteligencia emocional, tan celebrada actualmente desde la obra de D. Goleman.


Obras :

Estas son las obras de John Locke:

  • Ensayos sobre el gobierno civil (1660–1662)
  • Ensayos sobre la ley de la naturaleza (1664)
  • Ensayo sobre la tolerancia (1667)
  • Carta sobre la tolerancia (1689)
  • Ensayo sobre el entendimiento humano (1690)
  • Tratados sobre el gobierno civil (1689). Reeditado en 1690, 1698 y 1713. Cada reedición incluye cambios y variaciones sobre la anterior. Aunque el propio Locke comunicó en un carta que la última versión (publicada póstumamente por su secretario en 1713) es la que quería que "pasara a la posteridad", actualmente se siguen editando traducción de la primera y tercera versión. Existen importantes cambios, especialmente en el capítulo V, sobre la propiedad. Cf. Peter Laslett, “Introduction,” in Two Treatises on Goverment
  • (Cambridge: Cambridge University Press, 1991).
  • Algunos pensamientos sobre la educación (1693)
  • Racionabilidad del cristianismo (1695)
  • Una vindicación de la racionabilidad del cristianismo (1695)

No publicados o manuscritos póstumos

  • 1660. Primer Tratado de Gobierno (o the English Tract)
  • c.1662. Segundo Tratado de Gobierno (o the Latin Tract)
  • 1664. Questions Concerning the Law of Nature (texto definitivo en latín, con trad. al [[inglés) de Robert Horwitz et al., eds., John Locke, Questions Concerning the Law of
  • Nature, Ithaca: Cornell University Press, 1990).
  • 1667. Essay Concerning Toleration
  • 1706. La conducta del entendimiento
  • 1707. Paráfrasis & Notas en las Epístolas de San Pablo

INFORMACION RELACIONADA: visitar: http://www.rieoei.org/deloslectores/887Barrionuevo.PDF

BIBLIOGRAFIA:

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